Expectativas, expectativas, expectativas…

Esa persona que quiero que actúe diferente puede ser la jefa, un compañero de trabajo o el socio, sea quien sea esa persona, ella hace las cosas de una manera que no me permite ser efectivo, ni poner en práctica mis maravillosas ideas. Me siento atrapado y frustrado.

El sentimiento arriba expuesto se mantiene hasta que la persona cambia sus patrones de pensamiento; en vez de enfocarse en lo que hace la otra persona, ella pone su atención en sí misma, y se pregunta ¿Qué puedo hacer yo para ser escuchada? ¿Cómo desarrollo la confianza que requiero para influenciar cambios? ¿Qué tengo que aprender en esta situación?

Esta nueva perspectiva es muy efectiva porque la persona tiene el poder para cambiarse a sí misma. Entonces, inicia de esta manera un proceso dinámico de crecimiento continuo, el otro representa una oportunidad para que la persona se conozca mejor, identifique la baja confianza que tiene en sí misma para llevar adelante ciertas propuestas y actividades, se concentre en aprender nuevas maneras de abordar las situaciones complejas, y celebre sus bien merecidos logros.

La persona ha decidido asumir su crecimiento, disfrutarlo y dar sus mejores aportes cuando cambia ella, no espera cambios en los demás y busca las relaciones de autonomía y valor

 


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