La vida en grupo

Aunque es maravilloso disfrutar de las interacciones sociales, no es nada fácil vivir en grupo, ya que ello requiere que los miembros del grupo posean un crecimiento integral y tengan como objetivo el desarrollo individual con una visión clara que beneficie también a la comunidad.

Por lo general, esto no sucede en las instituciones, ni organizaciones de ninguna índole. Lo que se observa es que la gran mayoría de las personas decide transar muchas cosas que le restan autonomía y felicidad para obtener el beneficio de la compañía y el apoyo de los demás.

Durante toda mi vida he pensado acerca de este dilema y la manera que nos hemos organizado estructuralmente en la sociedad: las instituciones y las construcciones no le dan a cada persona suficiente amplitud para desarrollar la responsabilidad personal, interactuar con libertad y poseer el espacio para crecer y madurar en autonomía.

Mientras estuve casada, muchas veces quería estar sola en mi espacio, en mi propio cuarto, en mi propia cama; entonces, pensaba porque no habrán construido viviendas que tengan espacios sociales comunes y espacios de privacidad para cada quien, incluso la pareja. ¡Sin que ello se convierta en un drama existencial!

Cuando era pequeña y adolescente me molestaba sobremanera que mi familia se metiera en mi vida, que criticara a mis amigos que no conocían, que hablaran de mi sin tener toda la información necesaria, y pensaba cómo se podría cambiar la convivencia en familia de manera que cada miembro fuera respetado y valorado por lo que realmente era, ya que estaba segura que ello permitiría el crecimiento y desarrollo esencial de la persona, sin imponer patrones preestablecidos que mutilan y generan los más terribles complejos.

A mí me encanta tener parecidos físicos con mis padres, y también alguna que otra conducta sencilla como puede ser algún movimiento que hago al caminar, al vestir o al hablar. No obstante, yo quiero ser yo, lo que yo pienso, lo que yo siento, lo que en esencia me resulta cómodo y lógico. Además, no quiero que nadie sea como yo. Me siento dichosa de ver que mis hijos y mis nietos son en esencia lo que cada uno es, y ninguno de ellos es como yo. ¡Viva la diversidad!

La fortaleza de cada persona está en su autonomía y libertad. Cada persona debe crecer para ser su versión original

Línea Básica: Liderazgo 4 Alas para Volar